Levantarse temprano envolverse en trapos, salir a caminar por calles reconocidas y tranquilas como las que solo ofrece el domingo. Encontrar el ritmo perruno en las manos y pies, acompañar a Mia y asustarse por los perros que salen de los canceles. Guardarse un par de billetes entre
el resorte, caminar mirando al piso pues es en el piso donde quieres encontrar la resistencia.
De vuelta a casa tan temprano, hacerse el desayuno, leerse el periódico, guardar silencio, volver a dormir, hacer y deshacer la cama diez veces.
tiempo
mio
en
ciudad ajena.